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jueves, 27 de diciembre de 2012

Cosas de Miguel Hernández, y mías...


Oscar Álvarez


No sabes, amor, qué compañero mío, en este viaje por la vida, se ha vuelto, Miguel Hernández, tanto, figúrate, que igual que él cantó alguna vez para mí, sí para mí, sus cosas, ahora le canto yo a él tantas cosas mías que se olvidó cantar, a pesar de las ganas, que estoy seguro, tenía de contarlas en canción, en poesía, además…

Hoy es domingo otra vez, otra vez el silencio de las horas, pasando por mi ventana:

cielo gris, en tierra blanca, niños grotescos jugando con la nieve.

Muchas cosas están pasando por mi corazón, tan lejos de su pueblo...

Harto está de llorar, agua salada de los ojos, harto del sudor de la frente, la fábrica, cansado, al llegar la noche, del cielo gris, en vez de estrellado como en la puna

Harto de estos niños sebosos, colorados en suelo blanco, frío. ¿Por qué no son morenos, porqué no en la arena ardiente o en los cerros, piececitos con callos, por qué

Tantas cosas, amor, para contarte sobre mi loco corazón, cuando te conozca, cuando me conozcas, cuando te enamore, amando mi tierra ardiente, también triste…

Es que mi cuerpo, como si fuera mi corazón, hoy está cansado, pero esta noche de domingo no fue del sudor amargo, fue de baile, porque lo he soltado y como en carnaval ha bailado, hasta que el sudor de su cansancio  se me mezcló con las lágrimas, ese sudor traicionero de mi corazón, suelto, llorando, ante ese niño, que me miraba, allá lejos, ese niño, dulce, con sonrisa blanca, en rostro moreno, poncho multicolor, allá en la puna, muy lejos... tan diferente de éstos, grotescos, jugando y bailando, sobre la blanca nieve…

Y mi legua paralizada en la contorción más difícil de su baile, aquella que pegada a la tierra haría girar todo mi cuerpo, toda mi alma, a la tierra y al universo entero

Lengua, lengua, lengua, lengua que calla, ojos llorones, corazón sin ritmo.

Sin más ritmo que el de la vida loca, aquella que llegó y se apoderó de mí, con sus mil sorpresas, alegres, dulces, dolorosas, tristes, tristes, tristes.

Tristes como novelas negras, tristes, hechas solo para mí, escritas en mis venas, en mi sangre, mía, como aquella que se me derramó una sola gota, una vez, con el pueblo, en el colmo del sufrimiento.

Oh, si pudiera dejar la lengua así, más tiempo suelta, bailando, músculo bailarín,

tubo de escape, eje de mi cuerpo, y yo girando como en una noria, si yo pudiera…

Y le tengo miedo al futuro, tan simple soy, y no puedo pensar todavía en el próximo minuto y lloro, y celo, si no quepo en el presente, sino sé de dónde vine, ni dónde ponerlo en los rincones de mi pecho ¿Cómo puedo viajar al próximo segundo de mi vida? Como viajabas tú, Miguel Hernández, sin ya ruborizarte, nunca más...

Con qué tristeza miro en las montañas, en la altura, su niñez de niño pobre, de pies de callo como la tierra, pura...

Pero, por Dios, que aún me hierve en la sangre, que  aún  aprieto los puños, y golpeo al mismísimo cielo, cuando lo veo al niño en el vientre de su madre, esa de los ojos tristes de mujer pobre, en su preñez, ojos con el amor dulce en su boca…

Pero igual que siempre me emociona, y solo atino a llorar con ella y con él, ese niño hermoso en sus entrañas… Y yo con él, en el llanto del niño, del futuro de la vida gris..

Está tan loco, y tan ciego, mi corazón, es que las lágrimas son espesas, no puede ver, ni a las estrellas, ni a ti, cuando llegues, amor, tengo miedo, ni a las estrellas que están allí, ni a los niños de mi pueblo que son parte mía…

Me hace temblar la injusticia. Me hace buscarte como refugio, mujer…

Cuando no puedo mirar al mundo sin ruborizarme siento su hambre,

Cuando tiemblo tanto a sus risas a sus carcajadas, de niño bueno, horrorizado,

Y, cuando las otras lenguas hablan, esas de padres sebosos, látigos y dinero verde, platos de lentejas, yo mudo, con mi nudo en la lengua...

Nudo de impotencia como castrado del valor que tanto tengo.

Y en el fondo, un pueblo, aún mirándome, con curiosidad, un pueblo igual que mis hijos, mirándome pasar con indiferencia, casi con desprecio, casi como diciendo, este es otro más, los conocemos tan bien, ni leche ni pan, ni siquiera seco, para la mesa

Hijos sin padres, pueblos sin hijos… ¡Oh!

Por qué en vez de lágrimas no aparece fuerza en mi cerebro, balas en mi fusil, filo en mi cuchillo, para romper sus cadenas, manos y puños en mi pecho para pelear por ellos, por mi pueblo…

¿Por qué simplemente como un niño, lloro? un niño que ya perdió el tiempo de justificarse como niño, hace tiempo, hace mucho tiempo...

¿Y el niño de sonrisa blanca en rostro moreno? ¿me lo comí? me volví ese niño seboso, colorado, jugando en la nieve, blanca, detrás de mi ventana... simplemente

Es qué la paz de mi pecho ¿nunca la encontraré? Es que el amor de mi pecho nunca se lo daré a mi pueblo como a una mujer? Es que el pueblo vendrá tarde, cuando ya no lo pueda palpar ni darle calor ni una semilla para sembrar niños morenos con sonrisas blancas… cuando ya sea “feliz” como los viejos en su esclerosis igual en los barracones, las chozas, solos, que con los manjares de la mesa rica, y los ojos vacíos, huecos ¿qué más da?

Ayúdame, mujer, cuando te encuentre, ayúdame a morir viviendo, y amándote a ti con locura y a mi pueblo y como Miguel Hernández, a esta vida bella...
 

FIN

Revisión histórica del control de la Lepra en el Perú

Zuño Burstein A1

1 Profesor emérito de la UNMSM (Dermatología y Medicina Tropical). Académico de Número, Academia Nacional de Medicina. Asesor del Ex-Programa Nacional de Control de la Lepra, MINSA.


RESUMEN

Se hace una sumaria revisión cronológica de los hechos más destacados en la historia y el control de la lepra en el Perú, hasta llegar a la situación actual, señalándose las bases doctrinarias y las perspectivas futuras del Programa Nacional de Control de la Lepra, con el propósito de lograr la eliminación de esta enfermeclad en el país como problema de salud pública. Finalmente, se brinda información de la situación epidemiológica de esta endemia al año 2000.

Palabras clave: Lepra / historia; Lepra / epidemiología; Lepra / prevención & control; Perú (fuente: BIREME).

ABSTRACT

A summary chronological overhaul becomes of the most outstanding facts in the history and the control of the leprosy in Peru, until arriving at the present situation, being indicated to the doctrinarias bases and the future perspective of the National Program of Control of the Leprosy, in order to obtain the elimination of this disease in the country like problem of public health. Finally, epidemiologist of this offers information of the situation enclemia to year 2000.
Key words: Leprosy / history; Leprosy / epidemiology; Leprosy / prevention & control; Peru (source: BIREME).

INTRODUCCIÓN

La lepra en América no existía antes de la llegada de los conquistadores europeos. Los españoles trajeron esta enfermedad a América Central, América del Sur y, en Norteamérica, a México y parte de los Estados Unidos. El primer lazareto se fundó en 1520 en Santo Domingo y, posteriormente, se establecieron en toda la América colonial. En Brasil, los portugueses introdujeron la enfermedad desde 1496; los grandes contingentes de esclavos africanos fueron un factor muy importante en la América portuguesa, Caribe y América Central. En Norteamérica, además de los focos traídos por los españoles, se sumaron los procedentes de Francia, Noruega y China, principalmente.

HISTORIA DE LA LEPRA EN EL PERÚ

La historia de la lepra en el Perú ha sido exhaustivamente estudiada por el Dr. Hugo Pesce y publicada en su tesis de doctorado el año 1961, con el nombre de "La epidemiología de la lepra en el Perú"1. En este monumental trabajo, que debe servir de valiosa fuente informativa para todo médico y sanitario peruano, se afirma que la lepra en nuestro país se desarrolló de manera independiente en las tres grandes regiones del país (costa, sierra y amazonía). En la costa tiene una historia remota y pobre, en la amazonía una historia reciente y explosiva, y en la sierra un curso escaso y asolapado.
La lepra fue importada a la costa peruana por los colonizadores procedentes de España, país que era asiento de una apreciable endemia, con unos 3000 leprosos y decenas de leprocomios. Por ello, 28 años después de fundada Lima, se hizo necesario un leprocomio y es así que, en 1563, se fundó el Hospital de San Lázaro, en el barrio de Pescadores, en la margen derecha del río Rímac, en donde se brindó asistencia a los leprosos durante la época colonial.
Según Pesce, la lepra en nuestra amazonía apareció manifiestamente en el presente siglo. Respecto a su procedencia, la tesis más antigua refiere su origen en Brasil, en tanto otra tesis postula su origen ecuatoriano. La investigación de Ponce de León tuvo el mérito de demostrar que la infección leprosa de algunos sectores de la selva alta se procesaron anteriormente a la de la selva baja y que ella ha tenido, muy probablemente, origen ecuatoriano no muy remoto y de muy escaso volumen. Aunque Pesce dice que "no es dable comparar la peligrosidad de la fuente pequeñísima de la selva alta con la fuente brasileña, que debía asumir el carácter de marejada, dada la "vis a tergo" que la impelía y, dada la circunstancia propicia de la migración masiva de 15 a 20 mil peruanos y algunos cientos de brasileños con motivo del auge del caucho, que duró nada menos que 20 años.
La selva baja sucumbió rápidamente a partir de 1910, cuando se hizo patente el impacto de los focos brasileros masivos, probablemente explicado por las diferentes condiciones ambientales y a que el habitante de la selva alta estaba expuesto en mucha menor medida a la desnutrición, la hipoproteinemia, las helmintiasis intestinales agresivas, con el estado anémico derivado y la consiguiente baja del nivel de la inmunidad fisiológica general.
De 1901 a 1905 se comenzaron a relatar casos de lepra en ciertos lugares de la amazonía y, el 17 de marzo de 1905, se emitió una Resolución Suprema autorizando la construcción de un lazareto en Iquitos para los leprosos del departamento de Loreto; la Prefectura mandó construir, entre 1906 y 1907, un Asilo de Emergencias para leprosos en la Isla Padre, frente a la ciudad de Iquitos. A fines de 1917 se habilitó en Iquitos el segundo lazareto y por ley N° 5020, del 28 de enero de 1925, se dispuso la creación de una leprosería en San Pablo, en el río Amazonas, hacia la frontera con Brasil, asilo que comenzó a funcionar el 15 de mayo de 1926. En 1940, el gobierno creó la Supervisión de Sanidad de Loreto y San Martín que, prontamente, se elevó a la condición de Supervisión del Nor-Oriente, a cargo de Maxime Kuczinsky, quien, después de fundar el año 1941 un Dispensario Antileproso en Iquitos, reconstruyó el Asilo de San Pablo, como colonia agrícola, obteniendo un notable avance en lo que concierne a la exploración de varios ríos, especialmente el Ucayali, realizando valiosas encuestas leprológicas. En 1944, con la creación del Servicio Nacional Antileproso, se constituyó, a los pocos meses, el Servicio Antileproso del Nor-Oriente, asumiendo las funciones de supervisión en la zona.
Hugo Pesce afirmó que el foco de lepra infantil de Loreto era uno de los más severos del mundo. Todos los datos recogidos sobre las formas clínicas de lepra infantil en esa zona revelaron un proceso caracterizado por la ausencia de signos apreciables de defensa por parte de la población, lo que equivalía decir que se trataba de una endemia bastante reciente, severa y con caracteres de desarrollo. Pesce refirió que los primeros casos de lepra entre los selváticos genuinos observados en Sur-América fueron reportados por Maxime Kuczinsky (tribus Cambo y Cocama) y por él (tribu Piro); los sucesivos casos fueron objeto de estudio en 1953 por H. Pesce y R. Montoya. Todos los casos fueron formas sumamente malignas, lo que indica el gravísimo y perdurable peligro al que estaría expuesta toda la población del Nor-oriente si penetrase la lepra en el seno de las tribus selvícolas, cuyo número de componentes ha sido estimado en 141 mil habitantes, alejados de toda posibilidad de control sanitario.

HISTORIA DEL CONTROL DE LA LEPRA EN EL PERÚ

Hugo Pesce, en Andahuaylas, detectó los primeros casos de lepra andina y creó, en 1937, el Servicio Antileproso de Apurímac. Asimismo, el 1 de enero de 1944 creó la Campaña Nacional Antileprosa, como organismo sanitario encargado oficialmente de la lucha antileprosa a nivel nacional, naciendo así, en torno a este maestro, la escuela leprológica peruana, constituyéndose el mismo año el Servicio Antileproso del Nor-oriente.
El rasgo estructural de la campaña antileprosa que en 1954 pasó a denominarse Servicio Nacional Antileproso, estaba dado por ser un organismo unitario, con una jefatura y diversos servicios periféricos. La jefatura, denominada Departamento de Lepra, tenía funciones directivas, normativas y de control, con secciones especializadas. Los servicios periféricos tenían a su cargo la ejecución de la campaña antileprosa en el territorio de su jurisdicción; así, en cada región leprógena se construyeron unidades funcionales, denominadas Servicios Antileprosos Regionales, con su propia organización.
Esta organización, metódicamente planeada y puesta en marcha, permitió, en un corto plazo, realizar un diagnóstico de la realidad leprológica peruana y obtener un beneficio efectivo para los pacientes y el país. Desgraciadamente, el 14 de enero de 1963, el Departamento de Lepra, transformado previamente en División de Lepra, fue disuelto por el gobierno de aquel entonces, desarticulándose la estructura tan meticulosamente montada, pasando sus diferentes elementos constitutivos a otros organismos y desde 1965 los niveles periféricos fueron integrados a otros servicios de salud de cada zona del país.
La desarticulada y deteriorada actividad de las acciones de salud relacionadas con la enfermedad de Hansen en los diferentes niveles de responsabilidad, tanto técnico-normativas centrales, como ejecutivas periféricas de base, así como en investigación, capacitación de personal y otros, sensibilizó al Ministro Teniente General FAP, M. Campodónico, que ocupaba en 1977 la cartera de Salud Pública, para disponer la actualización del Programa de Control de la Enfermedad de Hansen, considerando que el diagnóstico, tratamiento y la investigación en dermatoleprología era una responsabilidad multiinstitucional de trascendencia nacional, acogiendo las recomenclaciones del Seminario Regional de Hanseniasis, realizado en setiembre de 1971 en la ciudad de Pucallpa. Desgraciadamente, cambios sucesivos de autoridades y otros factores imponderables postergaron largamente la ejecución de las medidas dispuestas.
Entretanto, el esfuerzo unipersonal y pionero del Dr. Víctor Noria, a cargo de la Unidad de Lepra, organismo técnico-normativo del nivel central del Ministerio de Salud, era el único que mantenía bajo absoluta responsabilidad la conducción de un programa en base a los proyectos, ideas propias y a su gran experiencia como epidemiólogo y leprólogo clínico, así como a su indesmayable mística.
Zuño Burstein, en 1980, publicó un trabajo sobre la “Quiebra del Programa de Control de la Lepra en el Perú por la descentralización e integración a los programas generales de salud”2, haciendo un detallado análisis de la organización sanitaria del control de la lepra, concluyendo en el Perú, pormenorizando su evolución, su estado actual que existía un serio quebrantamiento de las acciones sanitarias de control de esta afección provocado, en gran medida, por una inadecuada, inoportuna y prematura política de descentralización e integración a los programas generales de salud, no adecuados a la realidad nacional. Además señaló, que era indispensable poner en vigencia un bien articulado Programa de Control de la Enfermedad de Hansen, adecuadamente financiado, ya que es un problema sanitario de particular gravedad en zonas endémicas, con repercusión nacional.
En 1963, con la desaparición del Servicio Nacional Antileproso y su Departamento de Lepra, el diagnóstico especializado de laboratorio, la preparación de lepromina, la realización de investigaciones especiales y la capacitación del personal profesional y técnico quedó, teóricamente, en manos del Departamento de Lepra y Micología Médica, ubicado en la estructura organizativa de los Institutos Nacionales de Salud, organismo descentralizado del Ministerio de Salud. Este Departamento derivaba del Laboratorio Central de Lepra, parte constitutiva de la Sección de Leprología del fenecido Departamento de Lepra, organismo de comando del Servicio Nacional Antileproso, ubicado a nivel del organismo central del Ministerio de Salud. Al desaparecer el Servicio Nacional y su Departamento de Lepra, el Laboratorio fue incorporado al Instituto de Salud Pública, conservando teóricamente su función y estructura establecidos desde 1944. Sobre la base de esta estructura, el Ministerio de Salud tiene vigente, desde 1975, un convenio -ratificado sucesivamente- con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a través de su Instituto de Medicina Tropical "Daniel A. Carrión", para realizar una labor conjunta de investigación, servicio a la comunidad y capacitación de personal, en relación con la Hanseniasis y otras afecciones, que son objeto de la dermatología sanitaria.
Burstein, en una comunicación publicada en 1972, con el título “Nuestro aporte al diagnóstico de la Lepra en el Perú”3 refirió que de 2366 biopsias enviadas desde el año 1944 a 1971 para diagnóstico de lepra, al Departamento de Lepra y Micología Médica del Instituto Nacional de Salud a su cargo, 1119 (47.3%) correspondieron a lepra lepromatosa, 619 (26.2%) a lepra indiferenciada, 233 (9.4%) a lepra tuberculoide y 18 (0.8%) a lepra dimórfica. Valiéndose de las biopsias seriadas a través del tiempo, se estudiaron los virajes histopatológicos de estos pacientes y se estableció la concordancia entre el diagnóstico clínico y la verificación histopatológica. No se han hecho estudios ulteriores similares a éste.
En 1980, el Dr. Samsaricq, Jefe del Programa de Lepra de la Organización Mundial de la Salud (OMS), visitó el Perú, recomendando la conformación de una comisión permanente que se ocupe del Programa de Control de Hanseniasis, promoviendo, evaluando y recomendando nuevas acciones, además de la creación de un comité científico nacional para promover y evaluar las investigaciones sobre la enfermedad.
Hasta 1985, la Dirección de Epidemiología, consideró dentro de su estructura programática el Control de la Tuberculosis y Lepra en forma integrada en la Dirección Técnica de Coordinación de Programas Especiales, a pesar de que la OMS consideraba el control de estas enfermedades en forma independiente. Por ello, en 1987, se expide el D.S. N° 017-87-SA que aprobó únicamente el Programa. de Control de la Tuberculosis, desvinculándose, en consecuencia, del de Lepra.
En enero de 1988, se resolvió aprobar el Programa Nacional de Control de la Hanseniasis como integrante de los Programas Especiales de Salud, a cargo de una Dirección General, designándose al Dr. Augusto Reátegui como Director General del Programa Nacional de Control de la Hanseniasis4. El Decreto Supremo N° 003-88SA (de fecha 22 de enero de 1988), estableció que "el Perú, como país miembro de la Organización Mundial de la Salud, ha adoptado el compromiso de la 40ava Asamblea Mundial de la Salud, del 15 de mayo de 1987, para organizar programas activos hacia la eliminación de la lepra, como parte de su objetivo de salud para todos en el año 2000".
En octubre de 1988, se aprobaron las Normas y Procedimientos para el Control de la Hanseniasis en el Perú, de aplicación obligatoria en todo el territorio nacional en sus componentes técnico, administrativo, educativo, social y de investigación; y, en 1992, se aprobó el documento normativo, denominado "Doctrinas, Normas y Procedimientos para el Control y Eliminación de la Lepra en el Perú".
En el Perú existe actualmente, a nivel del Ministerio de Salud, una estructura técnico administrativa denominada Dirección del Programa Nacional de Control de Enfermedades Transmisibles, en las que se incluye el Programa de Control de Tuberculosis y Lepra, y que cuenta con la colaboración comprometida eventual de un Comité Asesor, en el que se encuentran médicos tropicalistas, leprólogos y dermatólogos.

POLÍTICA ACTUAL DEL PROGRAMA DE CONTROL DE LA LEPRA Y PERSPECTIVAS PARA EL AÑO 2000

El marco doctrinario adoptado por el Programa Nacional de Control de la Lepra en el Perú5 se basa en el principio de que "las enfermedades transmisibles, entre ellas la lepra, están ligadas a factores culturales, sociales, y económicos de compleja solución" y que "los programas de control son de alcance nacional, permanentes y continuos, usan tecnologías apropiadas, realimentan y hacen más eficiente su operación mediante el monitoreo y evaluación y en su versión actual han adoptado la estrategia de incorporar e integrar sus actividades a la atención general de salud, desapareciendo, por lo tanto, por ineficientes, los programas verticales con ejecución especializada de sus actividades al margen de los servicios de salud".
Con este marco doctrinario el programa actual considera que "la lucha por el control de la lepra se inscribe y articula en el reconocimiento de la dignidad de las personas, sus derechos universales y la búsqueda de la liberación de sus capacidades para alcanzar la realización plena", concluyendo que esta nueva doctrina se basa en una concepción moderna que "tiene un sustento bioético en el desarrollo de los principios de equidad, subsidiaridad, universalidad, solidaridad y autonomía; ellos desarrollados a través de una interacción en el campo médico, educativo y social". El programa se sustenta doctrinariamente en que la lepra en el Perú es factible de ser controlada y eliminada mediante determinados ejes de gestión.
La OMS define que la lepra ha sido eliminada como problema de salud pública cuando la tasa de prevalencia es menos de un caso por cada 10000 habitantes; sin embargo, esta situación no ocurre en determinadas regiones identificadas y estratificadas del país. Por ello, para lograr el control y eliminación de esta enfermedad es necesario fortalecer el desarrollo de una serie de actividades, basados en la difusión de los siguientes principios: la lepra se cura, el paciente se trata en su domicilio y no requiere aislamiento, ni reclusión en leprosorios, la lepra diagnosticada precozmente no produce necesariamente deformidades o incapacidades, luego de iniciada la poliquimioterapia (PQT) el enfermo de lepra no contagia y, si el enfermo no recibe tratamiento, sufre deformaciones de las manos y pies que permanecen como secuela para toda la vida a pesar del tratamiento posterior.

EPIDEMIOLOGÍA DE LA LEPRA EN EL PERÚ

El comportamiento epidemiológico de la lepra en el Perú se circunscribe a las zonas endémicas, donde viven aproximadamente 3’218,109 personas, de ellos 1’255,062 son menores de 15 años. Según las tasas de prevalencia de lepra correspondientes al año 2000 y teniendo en cuenta las publicaciones de la OMS, podemos concluir que la lepra en el Perú constituye un problema de salud pública, fundamentalmente en el departamento de Ucayali, lugar con una prevalencia de la enfermedad que supera la tasa de 1 x 10000 habitantes. Esta información nos permite priorizar las actividades del control de la enfermeclad, buscando el compromiso de las autoridades locales y comunidad en general para desarrollar acciones coordinadas que permitan diagnosticar y tratar precozmente todos los nuevos casos de lepra, logrando prevenir las discapacidades y disminuir efectivamente el impacto social de esta enfermedad (Tablas 1 y 2 y Figura 1).

 


Figura 1. Tasa de prevalencia x 10 000
habitantes en el Perú, 1990-2000

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Pesce H. La epidemiología de la lepra en el Perú. (Tesis de Doctorado). Lima: UNMSM, Facultad de Medicina; 1961.

2. Burstein Z. Quiebra del Programa de Control de la Lepra en el Perú por la descentralización e integración a los programas generales de salud. Arch Arg Dermatol 1980; 30: 173-80.

3. Burstein Z. Nuestro aporte al diagnóstico de la lepra en el Perú. En: Actas del I Congreso Argentino de Dermatología. Buenos Aires, Argentina; 1972.

4. Ministerio de Salud. Manual de normas y procedimientos del Programa Nacional de Control de la Hanseniasis. Lima: MINSA; 1988.

5. Ministerio de Salud. Situación de la lepra en el Perú, año 2000. Programa Nacional de Control de Enfermedades Transmisibles: Control de Lepra. Lima: MINSA; 2000.


* Parte del trabajo presentado por el Dr. Zuño Burstein en la ceremonia de su incorporación como Académico de Número a la Academia Nacional de Medicina. Lima-Perú, 2001.
 

Correspondencia: Zuño Burstein Alva. 
Dirección: Apartado Postal 110318. 
Lima 11 - Perú. 
E-mail:
zburstein_2000@yahoo.com


FUENTE
 
BURSTEIN A, Zuño. Revisión Histórica del control de la Lepra en el Perú. Rev. perú. med. exp. salud publica. [online]. ene./jun. 2001, vol.18, no.1-2 [citado 26 Diciembre 2012], p.40-44. Disponible en la World Wide Web: <http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1726-46342001000100010&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1726-4634.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La menstruación

Por: Óscar Hernán Álvarez García

Por representar la vida de nuestra especie que en su vientre guarda la mujer, la menstruación podría ser un signo bello del feminismo.

Del FEMINISMO con mayúsculas, no del feminismo denigrante, ese feminismo con minúsculas que es la misma cosa que el machismo solo que más refinado, en su afán de destruir a la mujer y con ella a la vida misma...

Mi enfermera me llamó toda angustiada, que hoy no podía venir. Era la primera vez en dos años que llevamos trabajando juntos, que iba a faltar. Y después de dudarlo mucho, yo lo notaba, se atrevió a decírmelo

     Doctor, es que... es me ha venido la regla muy fuerte. Me duele la cabeza, el vientre, casi no me puedo tener de pié, y...

      Por favor no siga, estese tranquila— la corté— tómese el tiempo que quiera, a mí no me puede dar ninguna explicación. ¡NO quiero oírla!
 
A pesar de conocerme estoy seguro que se quedó pensando que estaba molesto

Antes de una hora tenía un ramo de flores en la puerta de su casa y  en algún lugar muy íntimo de su corazón de mujer brotaba una lágrima de agradecimiento.

Y yo, por un segundo, me sentí bien porque siquiera un poquito había tenido la oportunidad de compensar mi vergüenza de pertenecer a una sociedad que actualmente, día a día, le hace tanto daño a la mujer, mi compañera, mi hermana de especie, ¡por Dios! ¡tanta injusticia! 

Pero mi vergüenza era más vergüenza todavía en mi caso, al preguntarme por qué seguía sin hacer nada sabiendo yo la verdad. Y apreté los puños con un odio visceral, al sistema, a las empresas, al feminismo y al machismo, al fin la misma cosa, el mismo producto del demonio, como los políticos baratos, las religiones mal concebidas, la industria, las multinacionales, el consumo.

Y es que en vez de tanta hipocresía, tanta discriminación, en sueldos, en trato, haciéndoles “un favor” por un permiso (como si los gerentes no fueran hijos de mujer), tenía que ser lo más normal del mundo que una mujer, que todas las mujeres, cuando respetan su fisiología, o mejor la vida misma, que es de todos, tengan derecho a vivir su menstruación en paz, sin sacrificar ni un ápice, ni su personalidad, ni el don más precioso del ser humano que a ellas les tocó guardar en su vientre, la vida misma.

Porque una mujer tenga la menstruación nadie debería sentirse afectado, ni siquiera opinar, ni negativamente, ensañándose con ella, ni positivamente mostrándose “comprensivo”. Deberíamos simplemente dejarla hacer, a la mujer, uso del verdadero pilar de lo que debe ser la justicia social, el respeto a la naturaleza, a la vida.

Ah, y ahora, para más INRI, acaba de llegar una paciente que me hace apretar los puños, de cólera, de impotencia, más fuerte todavía, se trata de una campesina de 30 semanas de embarazo con fiebre y anémica, casi desmayada, que la acabo de examinar y se niega a hacer reposo, y menos ir al hospital aludiendo que no puede dejar de recoger naranjas, que si deja de trabajar la echarían de la finca y entonces nadie de su casa comería, y por supuesto lo que menos quería ahora era hacer uso de su permiso de maternidad, esas míseras seis semanas, sagradas para cuando llegase su niño, poder dedicarse a él,  a esa otra labor de mujer, ser madre trabajadora...

miércoles, 31 de octubre de 2012

Guía para personas con diabetes y sus cuidadores

GUÍA PARA PERSONAS CON DIABETES Y SUS CUIDADORES 2003

Les compartimos una guía elaborada por la Consejería de Salud de Andalucía. Tiene 123 páginas y está redactado en un lenguaje muy sencillo. Para descargar el libro haga clic en la imagen:

 
Para los que requieran de una guía más corta, pueden también seguir el siguiente enlace:

La Vaca Loca


LA VACA LOCA

Por: Óscar Hernán Álvarez García

                                                         
Perico de origen gallego, era larguirucho pecoso y pelirrojo. Y además era, con toda seguridad el único pastorcillo con gafas. Gracias al cura que se las consiguió para que al fin pueda ver bien, especialmente de lejos.

Y así con sus gafas nuevas y tímido por naturaleza, Perico solo de lejos espiaba a la Mari, la hija del panadero, niña también silenciosa y soñadora, cuando por las mañanas se iba al huerto a recoger las lechugas o los tomares, o cuando de regreso de la escuela, se paraba a recoger florecillas.

Una vez, ella lo sorprendió mirándola.

Él se ruborizó hasta ponerse como un tomate y eso no lo soportaba. Entonces, en vez pararse un segundo y ver que ella también se ponía roja, pensó que se reía de verlo así y solo atinó a decirle groserías y salir corriendo lleno de cólera con ella y consigo mismo, dejando más encolerizada aún a la Mari.

 — “Será tonto el zagal...” — refunfuñaba decepcionada, porque también ella suspiraba por él, ahora, si hubiera podido le habría dado de bofetadas.

En el pueblo, tempranito, las vacas vienen solas a los portales de las casas para ser ordeñadas. Así que por las mañanas las calles se convierte en un ir y venir de vacas que van a sus respectivas casas. Vienen con su pachorra, con sus ubres cargadas, rumiando mansamente la hierba fresca del desayuno. Y, además, educadas ellas, tal parece que unas y otras se saludaran:

— Muu (“como está doña florinda”)

— Muuuuu (“muy bien doña Domitila, y usted?”)

Pero también hay alguna, díscola, que aún con muy buena leche, tiene malas pulgas, y entra al pueblo bufando y envistiendo a cualquier cristiano que se le cruce. La llamamos la “vaca loca” y los vecinos saben bien guardarse de ella cuando la dueña de la “vaca mala”, la vecina de la Mari, grita:

— ¡Que viene la  vaaaca ! —entonces, todo el mundo se mete tras de sus puertas, porque ya están enterados de sus tremendas envestidas, tanto, que ni los mozos se atrevían a jugar con ella.

Esa mañana, viniendo del huerto más temprano que de costumbre y con la cesta cargada de hortalizas, frescas del rocío, sabe Dios a qué príncipe pelirrojo le estaría llevando su imaginación, a la Mari, la del panadero, que no oyó el

—“¡que viene la vaaaca !“ — el grito de su vecina 

Solo vio a la vaca cuando con sus grandes cuernos y resoplando se plantó a unos quince metros, justo frente a ella.

No reaccionó, se quedó paralizada mirándole los ojos de endemoniada mientras raspaba el suelo, entonces partió y desde los quince metros la vaca fue cogiendo velocidad, algunas mujeres tras las ventanas gritaban, se tapaban los ojos, o decían plegarias de urgencia al Señor. Y cada vez faltaban menos metros. Mari seguía paralizada, se le cayó la cesta con los tomates y las lechugas que traía de la huerta

— ¡mamm...

Quiso gritar “¡Mamá!” pero tenía un nudo en la garganta, la voz se le había ido, las piernas le temblaban, en un instante comprendió que moriría, que esta vez no estaba su padre para ayudarla.

En segundos, a una velocidad endiablada la vaca seguía acercándose y faltaría solo uno o dos metros cuando ella apretó los ojos muy fuerte para no ver su fin.

Entonces, sin saber de donde, ni cómo, sintió un topetón que la tiró al suelo, pero no por delante, por donde venía la vaca, si no por la izquierda, y con las mismas, una fracción de segundo después, como si tuviera la fuerza de diez hombres, sintió que el Perico la cogía por la cintura y corría con ella hacia la puerta de la Antonia

La vecina con las justas pudo abrirles la puerta y cerrarla con la vaca afuera, resoplando y dando cornadas enfurecida contra la puerta.

Nadie podía imaginarse, que una niña de diez años pudiera enamorarse y menos de golpe, pero era verdad.

Desde entonces cada vez que cerraba sus ojos antes de dormir, traía a la memoria esa tarde, la más emocionante de su vida. No necesitaba sueños más dulces: Ella miraba los ojos, del niño pecoso que aún la tenía aprisionada por la cintura y que no hubiera querido que la soltara nunca.   

El Perico, esa tarde también se derretía de placer, de amor, porque su sueño se había hecho realidad, y esta era más bonita aún que el sueño, incluso él mismo se sorprendía que hubiese sido tan valiente, y es que realmente había salvado a la niña que hacía ya tiempo con todo su corazoncito de  doce años estaba queriendo.

¡Qué muchacho enamorado no hubiera querido tener esa suerte!

A propósito, les cuento que, el Perico y la Mari, nunca más se separaron, que pocos años después se casaron y que muchos años después, a sus 85 y 83 años, con siete hijos, 33 nietos y no se cuantas decenas de bisnietos, aún ahora cuando se miran viven en sus ojos, intacto, el amor que esa vaca loca selló aquella mañana para el resto de sus vidas. Para los que no creen en el amor, les cuento esto, yo, que soy uno de esos siete hijos con cinco de los 33 nietos que nacieron fruto de ese amor…
 
FIN

viernes, 28 de septiembre de 2012

La Arequipa de Honorio Delgado

La Arequipa de Honorio Delgado: 1892-1915
Jueves, 27 de septiembre de 2012
 
Habiéndose conmemorado ayer los 120 años del natalicio de Honorio Delgado, y laborando yo en el Instituto Nacional de Salud Mental que ostenta precisamente el nombre del egregio psiquiatra, no podía pasar por alto la memoria de este evento.
Y es que suele soslayarse que Honorio Delgado, si bien accedió a la plena universalidad por la trascendencia de su pensamiento y obra y la estatura de su magisterio académico y moral, fue de nacionalidad arequipeña y no peruana.
 
En nuestro instituto labora una selecta congregación de colegas que ostentan asimismo pasaporte arequipeño y podemos dar fe de su ostensible orgullo por el terruño que los vio nacer.
¿Quién no conoce Arequipa en el Perú? Físicamente uno puede no haber viajado allí pero su nombre no es ajeno para nadie y su nombradía alcanza a todos.


Arequipa, ubicada a 1000 km al sur de Lima y a una altitud de 2335 m.s.n.m. ha sido ponderada por la hermosura de relicario de su campiña, la enormidad de su tierra agreste, la imponente presencia del cinturón de altos volcanes coronados de nieve que la circunda, y esto, adunado a la violencia de sus terremotos, la rebeldía de sus gentes ante el reto geográfico y las características particulares de su desarrollo socioeconómico, han labrado el carácter de los arequipeños quienes extienden su altivez de modo casi congénito a todos los retos de la vida. Arequipa, cargada de tesoros artísticos e historia, ennoblecida por cédulas reales de España durante la colonia y distinguida por su indómita actitud durante la época republicana, ha recibido justificadamente el título de "Ciudad Caudillo".

Y en esta ciudad vio la luz Honorio Delgado hace 120 años. Su discípulo Javier Mariátegui evoca acerca del vínculo de Honorio con su lar natal: "la añoranza del paisaje, de su campiña, lo acompañó siempre. Huía de Lima en busca de claridad, de algo que asemejara siquiera al cielo arequipeño (...) Sentía un entrañable amor al terruño, evocación nostálgica consistente y un ansia permanente de retorno en busca de la atmósfera espiritual característica de su ciudad."
Del inhallable opúsculo editado por Mariátegui, Quiroz, León, Rey de  Castro y Alarcón: Tiempo, sabiduría, plenitud. Estudios sobre la vida y la obra de Honorio Delgado, impreso por la Universidad Peruana Cayetano Heredia en 1996, extraemos el ensayo "La Arequipa de Honorio Delgado Espinoza: 1892-1915", de autoría de Eusebio Quiroz Paz Soldán.
 

Tras la lectura del  texto, donde se comenta e ilustra la acendrada influencia de Arequipa en los años formativos tempranos de Honorio Delgado, queda más clara aquella frase que un día escuchamos a una dilecta colega arequipeña: "No en vano se nace al pie de un volcán..."
 
Para leer el ensayo siga el siguiente enlace:
 

Antes y ahora, la vida, la muerte...

 por :  Óscar Hernán Álvarez García (1996[i])

           

Si, la muerte, porque también la muerte es, o mejor, “era” parte de la vida

Porque ANTES daba gusto morirte, yo diría que era una gozada, toda tu familia venía a verte, incluso los hijos que estaban lejos, hasta de otros continentes venían, todos te demostraban lo que te querían y lo que te necesitaban, aquí en la tierra (y el interés por la herencia pasaba a un segundo plano). El médico del pueblo venía todos los días a verte, aunque sea por los pastelitos de tu esposa, vieja también. Hasta el cura venía a diario y te daba ánimos, te consolaba el dolor físico diciéndote que te ibas a ir al cielo, y tú te lo creías, todos creíamos en el cielo...

AHORA, te mueres, sólo, en una UCI entre mil maquinas o en un “hospital-residencia” frío, en la última habitación, donde incluso al último compañero de habitación se lo llevaron, para que te mueras ¡solo! Un establecimiento donde tus hijos rogaron para que no te dieran de alta, porque morirte en casa sería un trastorno para tu familia. Una residencia muy limpia pero donde el cura solo viene (cuando llega a tiempo) rápido, rápido a darte la extremaunción, es que ya nadie le hace reverencias y además, él también está montado en el consumo. Casi preferirías que no viniese, sus palabras ahora te suenan huecas y tu dolor espiritual se hace casi tan intenso como el físico pues consiguieron que ya no creyeras en el “Cielo”. La sociedad, el consumo o la misma Iglesia con su inoperancia nos quitaron el Más Allá (todo hay que vivirlo aquí y ahora ¿para qué procrear?, si además no hay “Más Allá”...), ¡han conseguido que no creamos en el cielo!

Ahora, te queda un dolor intenso, cada vez más intenso y solo quieres descansar y piensas en el caballo herido que le pegan un tiro para que no sufra

O en el mejor de los casos tus hijos, como signo de cariño, te convencen y de hecho te buscan las mayores comodidades en... “¡una residencia!, con masajes y gimnasia todos los días, papá, y ¡música de tus tiempos! además, estarás con todos los de tu edad”, insisten...

Y tú accedes haciéndoles ver que te lo crees...

Pero, ANTES, más gozada aún, era nacer: Nacías cuando Dios y la naturaleza querían. Y apenas nacías, tu madre se desesperaba por abrazarte, por darte el pecho... Nacías en el calor del hogar, traías en tu sangre y luego en la leche de tu madre todas las defensas contra las enfermedades de tu entorno. Era una gozada, primero: qué suave cuando te ponía doña Catalina la comadrona en la barriguita tibia de tu madre, luego mamá instintivamente te ponía en el pezón “Que rico”, pensabas, y esto le ayudaba a ella porque, además del gran placer de darte de mamar, su matriz, se contraía en segundos (más rápido que la mejor oxitocina) y le prevenía la hemorragia, la anemia...

Hasta la comadrona, doña Catalina, era como de la familia o Don Antonio el médico del pueblo con su aspecto bonachón, expectante por si algo no marchaba bien. Y apenas nacías alrededor se armaba un alboroto, qué alegría, todos querían cogerte y te hacían carantoñas y te decían semejantes mentiras como “que bonito”, aunque nacieras feo y arrugado como una pasa. Casi siempre la primera que te cogía era la abuela, y ahora, cómo te alegras de que haya sido ella la primera de la familia que te palpó, porque se convirtió por siempre en tu aliada y defensora, aunque en ese momento quizá se pasó un poco, mira que solo después de un rato llamar a tu padre, el pobre, que estaba esperando, desesperado, afuera, junto con medio vecindario. Hasta en la calle había sido un acontecimiento, y eso que fuiste el quinto de la familia.

AHORA, llevan a tu madre a un hospital, la meten en una habitación fría, la ponen patas arriba, le atan las piernas con correas, y si te demoras mucho en salir (por que la comadrona tiene que volver a su casa), le meten a tu madre una sustancia que hace que la matriz te apriete tanto que te parece que te va a estallar el cerebro, dicen que se llama oxitocina* y que su abuso en realidad es la causa de la mayoría de las cesáreas.

Luego, ni bien has asomado, alguien te tira de tu cabecita, tan fuerte, que casi te rompe el cuello, a veces, no te da tiempo ni a girarte siquiera para que te salgan mejor los hombros, así que casi te fracturan la clavícula o te dejan paralizado el brazo; después, te meten tubos por la nariz, hasta la garganta, ¡que susto!, casi se te para el corazón y la respiración (le llaman reflejo vagal). Y cuando sales..., ni está la abuela, ni tus tíos, ni los vecinos, muchas veces ni tu padre... solo hay personas, seguro buenas, pero extrañas a tu alrededor...

* NOTA: Con este simbolismo no queremos quitar valor ni mucho menos a las bondades terapéuticas de los oxitócicos (que bien usados son verdaderos salvadores de vidas), si no al peligro de su abuso. Ni tampoco generalizar al denunciar la conducta excesivamente intervencionista de la medicina actual, pues es de reconocer y felicitar algunos intentos de humanizar los partos incluso en los grandes hospitales: “Roomin in”, presencia de los padres en el parto, “mamá-canguro”, etc.  En otras palabras : “devolver” los partos a las parturientas y a sus familias, que con la sofisticación de los hospitales los médicos les hemos “robado” creyéndonos con la obligación de “intervenir” cuando nuestra primera obligación en el parto es “asistir” a ese  fenómeno maravilloso que es el dar a luz la vida... (no hay mejor parto que el que desde el principio cuenta con el calor humano de la familia) y solo en los partos patológicos intervenir.



[i] Basado en la situación de salud que se vivía en España en la década de los 90

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un acuerdo en silencio


UN ACUERDO EN SILENCIO

(Oda a la Atención Primaria )

 
por :  Óscar Hernán Álvarez García (1980)
 

                                                           Preámbulo:
 

            El centralismo es la lacra más grande que sufre el Perú. Y las nuevas carreteras, una de sus armas, se hacen, no para el desarrollo de sus pueblos, sino para saquear los Andes y el Amazonas de sus riquezas e incluso de sus hombres. Lo mismo que pasa en los países del Sur, los países del “Tercer mundo”.

            Así se perdió más del 90 por ciento de las tierras que, con tanto esmero, hicieron cultivables los Incas y Preincas, domesticando para la humanidad, lo mejor de la agricultura (papas, tomates, maíz, frejoles, cacao, café, etc., etc., etc.).

             Tierras que ahora en vez de alimentos producen pobreza, hambre y enfermedades.

            Así también, día a día, con la depredación de la selva se van destruyendo como con el peor de los cánceres, los pulmones de nuestro planeta.

            Se está rompiendo, pues, el equilibrio ecológico logrado en siglos y, además, matando a cientos de miles de hombres al expulsarlos del cielo de los Andes a los cinturones de pobreza y de muerte que rodean las grandes ciudades. Y con ellos se está matando también su cultura, sus conocimientos milenarios.

          Ante esto, los responsables de Salud del Perú, intentamos desarrollar el concepto de "Atención Primaria Descentralizada", es decir, respetando y fortaleciendo los sentimientos y criterios propios de nuestros pueblos andinos y sumando a estos, lo poco de nuestra cultura occidental que les pudiera ser útil. Ligando así salud con cultura propia y desarrollo.

          Una noche, en algún valle interandino habíamos empezado a discutir, a hacer planes de salud en "su idioma", desde el atardecer, terminadas las tareas del campo, pasamos toda la noche. Nadie dormía excepto los niños en brazos de sus madres. Era luna llena cuando se produjo esa especie de milagro: la comunicación con los pueblos andinos, con el Perú profundo. Se iniciaba un nuevo concepto de Atención Primaria y Desarrollo, quizás el más real:

          "Solo si respetas la naturaleza y su quehacer de millones de años,  incluyendo en ello al ser humano,  podremos sobrevivir".

          Esa sensación maravillosa me dio la inspiración para este cuento-poesía a la naturaleza que humildemente les quiero narrar.


UN ACUERDO EN SILENCIO
 

Una vez más regresando de Bolívar, al otro lado del Marañón. Las bromas, las carreteras carrozables, los kilómetros, los minutos se cuentan para llegar a Cajamarca, volver a ver ese nacimiento de luces, volver a sentir sus calles, su cemento, sus piedras, su... civilización sin civilizar: Los ponchos, los sombreros, las polleras... Las cáscaras, los orines, los perros hambrientos, los caminares ebrios de nuestros campesinos, sintiéndonos ignorados por ellos, ignorándolos nosotros.

—¡Hola Oscar!
        
—¡Hola César!
       
—¡Cuanto tiempo sin verte!

¿Habrá notado el brillo de mis ojos? ¿ O el ya acostumbrado de mis compañeros cuando regresamos del infierno de la realidad de la selva, los Andes, los campesinos, el cielo?
      
Pero sigo....

¿Y mis hijos?: Semanas sin verlos....

Mi mujer, ¿me querrá?, ¿compartirá?

El cansancio, el dolor de piernas, el frío hasta los huesos hacen mella en el alma. ¿Llegaremos?

Nuestras vidas en manos de un guía joven, mezcla de puma, vicuña...

De pronto, muy a lo lejos, un puntito verde claro ¡El carro!

Como si la vida volviera a mis venas, como si la salvación estuviera allí ¡Arre!, las mulas volaban a cien kilómetros por minuto, ¡Arre!, ¡Salta!, ¡Pasa precipicios!, ¡Acércate!

Y las piernas y las sentaderas y el dolor de músculos y el frío: Suave caricia en la piel, sensación divina de sentir mis mejillas, mis pulmones.

El punto se hizo más grande, una pequeña mancha: ¡El Land Rover! Y ahora otros puntitos móviles se alejan de la mancha, ¡No nos han visto! ¡Si!, regresan, creo oír el eco de una bocina. ¡Arre, mulita!, se acaba la parte más dura del viaje: los peligros, las aventuras, las camas duras, las diarreas, las sacudidas, los zancudos, los piojos, las pulgas... Pero también la realidad, la belleza, la naturaleza, su riqueza abrupta, la posibilidad de su salvación ¡El camino correcto!

Por un instante, ganándole al crepúsculo, ¡El carro al final de la carretera! ¿O será el principio de la carretera? ¿Será para bien? ¿O será para mal?.

Si equivocadamente la Atención Primaria, hasta ahora, igual que el Desarrollo, buscó los caseríos, los pueblos más cercanos, por su accesibilidad, para iniciar sus acciones como una mancha de aceite. Al acercarme a la carretera, a su final, sentía que estaba en lo cierto, que mi rechazo a esa teoría tenía razón. Como si tuviera en mis manos la salvación del Perú, de la humanidad. Y es que si buscamos los sitios más cercanos, el flujo siempre será centrípeto y arrasador, denigrándolos.
 
Nuestra llamada Civilización, si no se les respeta, los aplastará, creando en sus caras interrogantes, no les dará tiempo a razonar, el ruido de los motores, la luz eléctrica, el cemento, la televisión, los fideos, los atraerán y se dejara desnudar y se volverán mendigos.

Pensemos: ¿Se puede cambiar el blanco de las nieves, allá en los nevados por el humo negro, negro como la muerte, aquí abajo en el centro de las ciudades? Pensemos ¿cómo tienen los ojos nuestros campesinos "atraídos"? ¿Cómo asimilan la luz eléctrica, la televisión?, ¿La comprenden?, después de haber conocido la otra luz, la de nuestros Andes?

No, no la asimilan. Se alienan, se entristecen, se embriagan con aguardiente barato y coca. Formarán estas distancias tan enormes entre los campesinos y nosotros en las grandes poblaciones.
 
Pero Bolívar, al otro lado del Marañón, lo más alejado, donde más difícil es llegar, donde la gente vive sin conocer los motores, la televisión, el cemento; y sí su belleza humana y espiritual aún pujante, producto de razas unidas, llegada alguna vez, a ese paraíso, a confundirse en vida con los cientos de reliquias que nos legaron nuestros Incas y Preincas.

Como esos balcones, saliendo de la esquina de una roca a novecientos metros de altura, de incomprensible accesibilidad, y desde allí, el espectáculo imponente: El río Marañón, cual madre, recibiendo al cristalino límpido hijo. En un festival de verdes, de aguas, de azul cielo, de frutas salvajes y trinos de pájaros.

Cual hembra bella, desnuda y mansa, ¡Cómo me llamaba!, ¡Cómo me gritaba acercarme a ella!, a sumirme en sus aguas sólo tocadas por el Sol y aquellos hombres, como hijos de este, balseros de brazos fornidos, piel curtida, mezcla de todos los colores como merecen para la misión que tienen ¡Salvar la humanidad!: blanco, negro, oriental, zambo, rubio, chino, mongol, ¡Inca!.

Sí, los loros, las águilas, algún cóndor, visitaron esos balcones que sí hablaron con los espíritus de Dios, del Sol de los Incas, al amanecer, ó en el crepúsculo.

Los bananos, los limoneros, los naranjos. Las cañas de azúcar, con ese jugo divino que hizo la palabra dulzura se usara para cosas bellas como mujer ó ternura. ¿Y el café? la fortaleza, el jugo amargo permitido. Arroz, aclimatado como ningún lugar (¿que planta no quisiera tener esa suerte?); Y las papayas, las piñas, las ciruelas. ¿Hay acaso algo que acaricie el paladar así?. Plátanos, mangos, cocos, pacaes, chirimoyas, cacao para el chocolate fino de Suiza ó Alemania. Camote, maíz.... Y para matar las penas y alimentar la bajeza de la humanidad en algún país podrido: La coca, otrora sagrada.

Hombres rudos, mujeres con rara belleza y feminidad que no pudo alterar el trabajo ni la brutalidad del tiempo, sol quemante en verano, diluvios con rayos, truenos y barros en invierno.

La luz de la luna, nunca tan plateada, nunca vestida en forma tan hermosa, quiero pensar que lo hace por mi. Como si supiera de lo sublime del momento, cual reina que derrama fragancia, su color plateado es más claro que nunca bañando a seres en pos de la Atención Primaria: Hombres agrestes, sus mujeres y niños, y a nosotros aprendices de lo que es la vida, el calor, el pacto del vínculo con la naturaleza...

Conversamos horas y horas y... ¡comprendieron lo nuestro! y ¡Nosotros lo suyo! y... Un acuerdo en silencio: "No traicionaremos esta tierra, responsabilidad de pueblo escogido, por las barracas, las chozas, "los pueblos jóvenes", la televisión...

Y nosotros, con las pocas cosas que traigamos, depuradas por manos delicadas, a cambio de aprender a compartir la vida con la naturaleza, ¡La única posibilidad de salvar al hombre!.

El rumor del agua en la noche. El amanecer con sólo una intención de frescor. El concierto de pájaros...  Algunas nubes negras ya no muy lejanas que anuncian que vendrán las lluvias.

Cualquier intento de progreso en nuestro país debe hacerse desde el seno de los pueblos hacia nosotros, debe llevarse lo mejor de lo que  tenemos, incluso a nosotros mismos, para que escojan y no sacar nada, ni mucho menos a ellos, si no quedarse, o dejar nuestras mejores cosas.

Quizá, sólo así, podremos amistarnos con nuestro pasado, con nuestro futuro, con nuestra humanidad, con DIOS 

FIN